En este contexto, entendemos la Compasión desde la concepción de la CFT (Terapia Focalizada en la Compasión de Paul Gilbert) y de la Psicoterapia Contemplativa (The Wellbeing Planet Foundation).
Los seres humanos somos animales sociales, naturalmente cableados para conectar con otros y ser sensibles ante su sufrimiento. La compasión es una motivación de nuestra conducta, tan innata como las respuestas de estrés y alerta. Cuando cultivamos esta motivación desarrollamos una sensibilidad hacia el sufrimiento y nos vemos naturalmente impulsados a aliviarlo, en otros y en nosotros mismos.
Desde el año 2004, con la investigación pionera del Dr. Richard Davidson, se han venido descubriendo los mecanismos neurobiológicos involucrados en esta motivación. Y los beneficios que el cultivo de la Compasión tiene para la salud.
Honrando sus orígenes en las tradiciones contemplativas (Budismo, Cristianismo, etc.), pero en un contexto secular y científico, podríamos decir que la Compasión nos invita a:
Contemplar el sufrimiento como algo natural, humano. No como un defecto personal o circunstancia extraordinaria. Todos sufrimos diferentes formas. Reconocer esto nos acerca a nuestra humanidad compartida, en vez de activar los circuitos de la vergüenza y la autocrítica.
Tratarnos con amabilidad cuando sufrimos, así como trataríamos a un ser querido en la misma situación, nos ayuda a atravesar mejor ese sufrimiento y a crecer y aprender de esa experiencia.
Aceptar el sufrimiento no implica ser condescendientes o autocomplacientes. Por el contrario, la Compasión implica coraje para abandonar la tendencia natural a evitar el dolor, y, por el contrario, aproximarnos a él amablemente. Aprendemos a ser la mejor compañía para nosotros mismos en esos momentos, a tratarnos como nos trataría un buen amigo.
La Compasión cuando es dirigida hacia nosotros mismos, nos permite desactivar los circuitos neurológicos de la vergüenza, que se activan cuando sufrimos, de modo que además de sufrir por lo que nos pasa, terminamos autocriticándonos por sufrir, sintiéndonos defectuosos, devaluados, diferentes, aumentando así el sufrimiento.
La Compasión activa los circuitos neurológicos del apego seguro, es decir, nos dispone a conectar con los demás y a regular nuestras emociones, a poder calmarnos internamente.
Según la investigación de la Dra. Tania Singer, los mecanismos neurológicos de la Compasión son diferentes a los de la empatía, cuando practicamos compasión en una relación de ayuda podemos evitar quemarnos, sufrir el desgaste por empatía tan común en este tipo de trabajos.
Introducción a la Ciencia del Bienestar – Richard Davidson, Koncha Pinos
Entrevista a Paul Gilbert: Evolución y Chttps://youtu.be/2HOQDKCTuikompasión
